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Galletas de los viernes
10. Las cajas ______ en el suelo.
Ejercicio 2. Elige la forma correcta
1. Yo soy / estoy pastelera.
2. La tienda es / está en una calle tranquila.
3. Lera es / está nerviosa antes de llamar a Serguéi.
4. Katia y Lera son / están amigas desde la escuela.
5. Las ventanas son / están grandes.
6. Nosotros somos / estamos en el pueblo.
7. El local es / está vacío.
8. Octubre es / está el mes favorito de Lera.
Ejercicio 3. Traduce al español
1. Лера кондитер.
2. Помещение находится рядом с парком.
3. Магазин пуст.
4. Катя подруга Леры.
5. Лера устала, но счастлива.
6. Окно большое.
7. Они находятся в кафе.
8. Город маленький и тихий.
Respuestas. Gramática
Ejercicio 1: 1. es; 2. está; 3. son; 4. está; 5. es; 6. está; 7. es; 8. están; 9. es; 10. están.
Ejercicio 2: 1. soy; 2. está; 3. está; 4. son; 5. son; 6. estamos; 7. está; 8. es.
Ejercicio 3: 1. Lera es pastelera. 2. El local está cerca del parque. 3. La tienda está vacía. 4. Katia es amiga de Lera. 5. Lera está cansada, pero está feliz. 6. La ventana es grande. 7. Están en la cafetería. 8. El pueblo es pequeño y tranquilo.
Fin del capítulo 1
Capítulo 2. Una tienda pequeña
Vocabulario del capítulo
Español
Русский
la pared
стена
la mesa
стол
la silla
стул
la lámpara
лампа
la estantería
полка, стеллаж
la caja
коробка
pintar
красить
limpiar
убирать, чистить
comprar
покупать
barato / barata
дешёвый / дешёвая
caro / cara
дорогой / дорогая
nuevo / nueva
новый / новая
viejo / vieja
старый / старая
delante de
перед
al lado de
рядом с
Capítulo 2. Una tienda pequeña
El miércoles por la mañana, Lera se despertó antes de que sonara el despertador. Durante unos segundos no recordó por qué estaba tan nerviosa. Después vio la llave verde sobre la mesa de noche y sonrió. Ya tenía un local. Todavía no era una pastelería, pero era el primer lugar que podía llamar suyo. Se levantó, se recogió el pelo blanco y bajó a la cocina. Su madre ya estaba preparando café.
Sobre la mesa había pan, queso, mermelada y una libreta. Lera se sentó y abrió la libreta por la página donde había escrito su lista. Tenía que pintar las paredes, limpiar el suelo, revisar la electricidad, comprar muebles, encontrar un horno y pensar en la decoración. La lista parecía más larga por la mañana que la noche anterior.
-¿Has dormido? -preguntó su madre.
-Un poco.
-Tienes cara de haber trabajado toda la noche.
-He trabajado en mi cabeza.
-Eso también cansa.
-Hoy quiero empezar a limpiar.
-¿Sola?
-Katia viene después del trabajo.
-Yo puedo ayudarte por la mañana.
-Mamá, no tienes que hacerlo.
-Ya lo sé. Quiero hacerlo.
Después del desayuno, Lera y su madre fueron al local. Llevaban bolsas con productos de limpieza, trapos, guantes, una escoba y un cubo. El cielo estaba claro, pero hacía más frío que dos días antes. En las aceras había hojas amarillas y rojas. Algunas tiendas de la calle ya tenían pequeñas decoraciones de otoño en las ventanas.
Cuando Lera abrió la puerta verde, sintió otra vez la misma mezcla de emoción y miedo. El local estaba frío y olía a polvo. A la luz de la mañana, las paredes parecían más viejas. Había pequeñas manchas cerca de la puerta y una parte de la pintura estaba rota. Su madre miró alrededor con atención.
-Bueno -dijo su madre.
-Ese “bueno” no suena bien.
-He visto cosas peores.
-Eso tampoco suena bien.
-Necesita trabajo, Lera. Pero es bonito.
-Mira la ventana.
-Sí, ya sé. La famosa ventana.
-Todo el mundo se ríe de mi ventana.
-Porque hablas de ella como si fuera una persona.
Lera abrió todas las ventanas durante unos minutos. Su madre empezó a limpiar la habitación de atrás mientras ella sacaba las cajas viejas. Dentro encontró papeles, algunas macetas rotas y una pequeña cinta rosa. Recordó que antes había allí una floristería. Durante un momento imaginó las flores junto a la gran ventana. Después imaginó bandejas de galletas en el mismo lugar.
Trabajaron casi tres horas. Limpiaron el suelo, las ventanas y las estanterías que el antiguo negocio había dejado. Una estantería era de madera oscura y estaba en buen estado. Lera decidió conservarla. Podía poner allí frascos con cacao, canela, azúcar y chocolate. Su madre quería tirarla porque parecía demasiado vieja, pero Lera no estaba de acuerdo.
-Las cosas viejas también pueden ser bonitas.
-Eso dices porque no quieres comprar otra.
-También.
-Al menos eres sincera.
A mediodía, el local ya parecía diferente. Seguía vacío, pero estaba limpio. La luz entraba por la ventana y las paredes blancas hacían que el espacio pareciera más grande. Lera colocó la vieja estantería al lado de la puerta y dio varios pasos hacia atrás para verla mejor.
Entonces sacó una cinta métrica. Necesitaba decidir dónde iba cada cosa. Quería una vitrina delante de la pared izquierda. Cerca de la ventana quería poner una mesa pequeña y dos sillas. No pensaba abrir una cafetería completa, pero le gustaba la idea de que una persona pudiera sentarse cinco minutos con una galleta y una taza de café. En la pared derecha habría estanterías con cajas para regalo.
La habitación de atrás sería la cocina. Era pequeña, pero tenía suficiente espacio para un horno, una mesa de trabajo, un frigorífico y varios armarios. Lera había trabajado durante años en una cocina grande y profesional. Ahora tenía que aprender a usar cada centímetro.
A las dos, su madre volvió a casa. Lera se quedó sola. Se sentó en el suelo, apoyó la espalda en la pared y comió un bocadillo. Miró el local en silencio. No había música ni ruido de platos. Solo se oían los coches de la calle y, de vez en cuando, la campana de la puerta de la librería vecina.
La tranquilidad le gustaba. En el restaurante siempre había ruido. Alguien llamaba, alguien pedía algo, una máquina funcionaba, un camarero entraba con prisa. Allí podía escuchar sus propios pensamientos. Por primera vez entendió que también tendría que acostumbrarse a trabajar sola.
Después de comer, fue a una tienda de pintura. Había elegido colores durante toda la noche. No quería paredes completamente blancas. Tampoco quería un local oscuro. Buscaba algo cálido, sencillo y un poco diferente. Al final eligió un color crema muy claro para tres paredes y un rosa suave para la pared detrás del mostrador.
El vendedor le enseñó varias marcas. La pintura que más le gustaba era cara. Lera miró el precio durante demasiado tiempo. Después eligió una opción más barata que tenía casi el mismo color. Aquella era una de las primeras lecciones de su nueva vida: no podía comprar siempre lo que más le gustaba. Tenía un presupuesto.
También compró dos brochas, un rodillo y cinta de papel. Cuando salió de la tienda, llevaba tantas cosas que apenas podía ver por encima de las bolsas. Caminó despacio hasta el local. En la puerta se encontró con una mujer de unos cuarenta años que salía de la floristería de enfrente.
-¿Va a abrir algo aquí? -preguntó la mujer.
-Sí. Una pequeña pastelería.
-Qué bien. Hace meses que está vacío.
-Espero abrir pronto.
-¿Tartas?
-Sobre todo galletas.
-Entonces vendré. Mi hijo puede comer diez galletas en cinco minutos.
-Eso suena como un buen cliente.
La mujer se rió y siguió caminando. Lera entró en el local con una sonrisa. Era una conversación pequeña, pero significaba algo. Alguien del barrio ya sabía que habría una pastelería. Por primera vez, el proyecto existía fuera de su libreta.
Katia llegó a las seis con ropa vieja, una coleta alta y dos pizzas pequeñas. Miró las latas de pintura y levantó las cejas cuando vio el rosa.
-¿Rosa?
-Rosa muy claro.
-Pensaba que querías una tienda de galletas, no una casa de muñecas.
-Confía en mí.
-Eso dijiste cuando teníamos diecisiete años y me cortaste el pelo.
-Te quedaba bien.
-Mi madre no habló contigo durante una semana.
Empezaron por la pared del fondo. Lera pintaba con el rodillo y Katia trabajaba cerca de las esquinas con una brocha. Al principio hablaron mucho, pero después de una hora estaban demasiado cansadas. Pusieron música en el teléfono y siguieron trabajando.
El color crema cambió el local inmediatamente. Parecía más luminoso y limpio. Cuando empezaron la pared rosa, Katia dejó la brocha, dio varios pasos hacia atrás y asintió.
-Vale.
-¿Vale qué?
-Tenías razón.
-¿Puedes repetirlo?
-No.
-Quiero grabarlo.
-Sigue pintando.
A las nueve terminaron la primera capa. Tenían pintura en las manos, en la ropa y, en el caso de Katia, también en la nariz. Se sentaron en el suelo y abrieron las pizzas. Afuera ya estaba oscuro. Las luces de la calle se reflejaban en la gran ventana.
Katia preguntó cuánto dinero había gastado aquel día. Lera sacó el teléfono y abrió una lista. Había anotado cada compra: pintura, productos de limpieza, brochas, cinta, bolsas de basura. La cifra no era terrible, pero sabía que los gastos grandes todavía no habían empezado.
-¿Y los muebles? -preguntó Katia.
-Mañana voy a mirar muebles usados.
-Bien.
-Necesito una mesa, dos sillas y un mostrador.
-¿Nuevo?
-No. Demasiado caro.
-Mi tío tiene una mesa vieja en su garaje.
-¿Qué tipo de mesa?
-De madera. Grande. Pesada. Creo que era de mi abuela.
-¿Puedo verla?
-Sí, pero si la quieres, tienes que ayudarme a sacarla.
Al día siguiente, fueron al garaje del tío de Katia. La mesa estaba detrás de unas cajas y una bicicleta vieja. Era de madera clara, tenía algunas marcas y una pata necesitaba reparación. Lera pasó la mano por la superficie. No era perfecta. Precisamente por eso le gustó.
El tío de Katia no quiso dinero por ella. Dijo que llevaba diez años ocupando espacio. Entre los tres sacaron la mesa del garaje y la pusieron en una pequeña furgoneta. También encontraron dos sillas diferentes. Una era verde y otra amarilla. Katia pensó que juntas quedaban raras. Lera pensó que eran perfectas.
Aquella tarde colocaron la mesa cerca de la ventana. La silla verde quedó a un lado y la amarilla al otro. Lera puso encima una pequeña maceta con flores secas que había traído de casa. El rincón empezó a parecer real.
Todavía faltaba el mostrador. Lera buscó por internet y encontró uno de segunda mano en un pueblo cercano. Era blanco, sencillo y mucho más barato que uno nuevo. El sábado, su madre la acompañó a verlo. El mostrador tenía algunos arañazos, pero era fuerte y tenía espacio para guardar cajas.
Lo compraron. Un vecino de su madre tenía una furgoneta y aceptó ayudarles a transportarlo por poco dinero. Cuando lo colocaron delante de la pared rosa, Lera sintió una alegría infantil. Se puso detrás y apoyó las manos sobre la superficie.
-Buenos días -dijo su madre, entrando como una clienta.
-Buenos días. ¿Qué desea?
-Una galleta de chocolate.
-Todavía no tenemos galletas.
-Muy mal servicio.
-La tienda está cerrada.
-Excusas.
Lera se echó a reír. Después miró el espacio con atención. Había una mesa junto a la ventana, dos sillas, una estantería cerca de la puerta y un mostrador. Las paredes tenían colores suaves. Faltaban muchas cosas, pero el local ya no estaba vacío.
El domingo decidió no trabajar por la mañana. Durmió hasta las nueve, desayunó con su madre y salió a caminar. Sin embargo, a las once ya estaba pensando otra vez en la tienda. Entró en varias tiendas de decoración, pero casi todo le pareció demasiado caro. No necesitaba comprar muchas cosas nuevas. Podía usar objetos sencillos.
En un pequeño mercado encontró cuatro frascos de cristal por un precio bajo. Compró también una bandeja de madera y seis cajas de cartón de colores suaves. En una tienda de segunda mano vio una lámpara verde con una pantalla redonda. Costaba poco y combinaba, de una manera inesperada, con la silla verde.
Cuando llevó todo al local, pasó casi una hora moviendo los objetos de un lugar a otro. Primero puso la lámpara sobre la estantería. Después la cambió a la mesa. Luego volvió a ponerla en la estantería. Colocó los frascos juntos, los separó y los volvió a juntar. Sabía que aquello no era urgente, pero le hacía feliz.
Por la tarde llegó Serguéi con un electricista. Revisaron la habitación de atrás y explicaron qué había que cambiar antes de instalar el horno. Lera escuchó con atención y tomó notas. El trabajo costaría más de lo que esperaba. Sintió un nudo en el estómago, pero no dijo nada hasta que los dos se fueron.
Se sentó detrás del mostrador y abrió su presupuesto. Restó la nueva cantidad. Todavía podía hacerlo, pero tendría menos dinero para decoración y publicidad. Miró la lámpara verde y los frascos. De pronto se sintió un poco ridícula por haber comprado cosas bonitas antes de resolver todos los problemas importantes.
Llamó a Katia.
-He cometido un error.
-¿Qué has comprado?
-¿Por qué piensas que he comprado algo?
-Porque te conozco.
-Una lámpara.
-¿Ese es el error?
-No. La electricidad cuesta más de lo que pensaba.
-¿Puedes pagarlo?
-Sí.
-¿Y después?
-Tendré que gastar menos en otras cosas.
-Entonces no es el fin del mundo.
-Quería que todo fuera bonito.
-Lera, la gente va a comprar galletas. No paredes.
-También quiero paredes bonitas.
-Pues ya las tienes.
Lera miró la pared rosa y sonrió. Katia tenía razón. No necesitaba terminar todo en una semana. Podía abrir con muebles sencillos y mejorar la tienda poco a poco. Lo importante era tener una cocina segura, buenos ingredientes y galletas que la gente quisiera volver a comprar.
El lunes empezó la segunda semana de trabajo. El electricista llegó temprano. Mientras él trabajaba en la habitación de atrás, Lera limpió otra vez el espacio principal. Después puso pequeñas etiquetas en los frascos: cacao, canela, azúcar, nueces. Todavía estaban vacíos, pero le gustaba ver las palabras.
A mediodía, una mujer entró por la puerta abierta. Tenía un ramo de flores en las manos. Era la mujer de la floristería que había hablado con Lera unos días antes.
-Perdón. ¿Ya está abierto?
-Todavía no.
-Entonces estas flores son para la futura tienda.
-¿Para mí?
-Sí. Soy Marina. Trabajo enfrente.
-Muchas gracias. Soy Lera.
-Ya lo sé. En una calle pequeña, las noticias viajan rápido.
Marina dejó el ramo sobre el mostrador. Había pequeñas flores blancas, ramas verdes y unas pocas hojas naranjas. Lera buscó un jarrón y las puso junto a la lámpara. De repente, la tienda parecía más cálida.
Marina miró alrededor. Le gustaron las paredes, la mesa vieja y las dos sillas diferentes. Preguntó cuándo sería la apertura. Lera todavía no tenía una fecha exacta. Esperaba poder abrir en una semana o diez días.
-¿Cómo se va a llamar?
-Todavía no estoy segura.
-Necesitas un nombre.
-Tengo una idea.
-¿Cuál?
-Galletas de los viernes.
-Me gusta.
-¿Sí?
-Sí. Suena como una tradición.
Una tradición. Lera no había pensado en eso. Después de que Marina se fue, escribió la frase en una hoja grande y la pegó temporalmente detrás del mostrador: “Galletas de los viernes”. La miró durante mucho tiempo.
Por la tarde llegó Katia. Traía una caja pequeña. Dentro había una campanilla para la puerta. Era sencilla, de metal, con un sonido claro. La instalaron juntas. Katia salió del local y volvió a entrar tres veces solo para escucharla.
-Ahora parece una tienda de verdad.
-Todavía no hay comida.
-Detalles.
-La comida no es un detalle en una pastelería.
-Mañana puedes empezar con las pruebas.
-Primero necesito el horno.
-Entonces pasado mañana.
Al final de la tarde, Lera apagó las luces y se quedó junto a la puerta. La pequeña lámpara verde seguía encendida sobre la estantería. Afuera, el cielo era violeta y las hojas se movían con el viento. Desde la calle, el interior se veía suave y cálido: la pared rosa, la mesa de madera, las sillas verde y amarilla, las flores de Marina y la hoja con el nombre de la tienda.
Lera salió, cerró la puerta y miró por la ventana. Hacía una semana aquel lugar estaba vacío. Ahora tenía una personalidad. No era elegante ni perfecto. Casi todos los muebles eran viejos o usados. Algunas cosas no combinaban de manera tradicional. Sin embargo, todo parecía suyo.
Pensó en el restaurante de la ciudad, con sus mesas caras, sus lámparas modernas y su cocina enorme. Allí todo era profesional y perfecto, pero nada pertenecía a Lera. Esta pequeña tienda tenía una mesa gratis de un garaje, dos sillas diferentes y una lámpara barata. Aun así, cuando la miraba, sentía algo que nunca había sentido en el restaurante.
Sacó el teléfono y tomó una fotografía. Se la envió a su madre y a Katia. Debajo escribió: “Nuestra pequeña tienda empieza a parecer una tienda”.
Katia respondió casi inmediatamente: “Tu tienda. Yo solo pinto paredes gratis”. Su madre respondió con un corazón. Lera guardó el teléfono y empezó a caminar hacia casa. Tenía las manos secas por la pintura y estaba cansada. Al día siguiente tendría que hablar con el electricista, buscar un frigorífico y llamar a una empresa que vendía vitrinas. Después tendría que probar recetas y calcular precios. Había mucho trabajo.
Pero esa noche el trabajo no le daba miedo. Mientras caminaba bajo los árboles de octubre, pensó en la campanilla de la puerta. Muy pronto alguien iba a abrirla por primera vez como cliente. Lera todavía no sabía quién sería. Tampoco sabía que, poco después, un viernes a las seis y media de la tarde, aquella campanilla anunciaría la llegada de una persona que cambiaría su otoño.
Por ahora, la tienda era pequeña, imperfecta y casi vacía. Y Lera estaba exactamente donde quería estar.
Ejercicios de vocabulario
Ejercicio 1. Relaciona
1. la pared
2. la mesa
3. la silla
4. la lámpara
5. pintar
6. limpiar
7. barato
8. caro
9. delante de
10. al lado de
a. рядом с
b. дорогой
c. лампа
d. перед
e. красить
f. стул
g. дешёвый
h. убирать
i. стол
j. стена
Ejercicio 2. Completa
Completa con: pared, mesa, silla, lámpara, estantería, cajas, pintar, limpiar, barato, viejo.
1. Lera quiere ______ las paredes.
2. La ______ de madera está cerca de la ventana.
3. Hay una ______ verde y otra amarilla.
4. La ______ verde es pequeña y bonita.
5. Lera conserva una ______ de madera oscura.
6. Antes de decorar, tienen que ______ el local.
7. El mostrador es de segunda mano y es más ______ que uno nuevo.
8. La mesa es ______, pero a Lera le gusta.
9. Lera compra varias ______ de colores suaves.
10. Detrás del mostrador hay una ______ rosa.
Ejercicio 3. Verdadero o falso
1. Lera compra todos los muebles nuevos.
2. La madre de Lera la ayuda a limpiar.
3. Katia odia la pared rosa al final.
4. La mesa viene del garaje del tío de Katia.
5. Las dos sillas son del mismo color.
6. Marina trabaja en una floristería.
7. Lera decide llamar a la tienda Galletas de los viernes.
8. El local ya está completamente terminado al final del capítulo.
Respuestas. Vocabulario
Ejercicio 1: 1-j, 2-i, 3-f, 4-c, 5-e, 6-h, 7-g, 8-b, 9-d, 10-a.
Ejercicio 2: 1. pintar; 2. mesa; 3. silla; 4. lámpara; 5. estantería; 6. limpiar; 7. barato; 8. vieja; 9. cajas; 10. pared.
Ejercicio 3: 1. Falso; 2. Verdadero; 3. Falso; 4. Verdadero; 5. Falso; 6. Verdadero; 7. Verdadero; 8. Falso.
Gramática. Hay y los artículos
В этой главе мы учимся описывать помещение и говорить, какие предметы в нём есть. Для этого в испанском языке очень часто используется конструкция hay. Она означает «есть», «имеется», «находится / находятся» и не меняется в зависимости от количества предметов.
1. Конструкция hay
• Hay una mesa cerca de la ventana. Около окна есть стол.
• Hay dos sillas. Есть два стула.
• Hay flores sobre el mostrador. На прилавке есть цветы.
• No hay clientes todavía. Покупателей пока нет.
Важно: после hay мы обычно вводим новую, ещё не известную собеседнику информацию. Поэтому часто используются un, una, unos, unas, числа или существительное без определённого артикля.
2. Неопределённые артикли: un, una, unos, unas
Их используем, когда говорим о предмете впервые или когда не уточняем, какой именно это предмет.
• Hay una lámpara verde.
• Hay un mostrador blanco.
• Hay unas cajas sobre la mesa.
• Hay unos frascos en la estantería.
3. Определённые артикли: el, la, los, las
Их используем, когда предмет уже известен или мы говорим о конкретном предмете.
• La lámpara está en la estantería.
• El mostrador está delante de la pared rosa.
• Las sillas son diferentes.
• Los frascos están vacíos.
4. Hay или está / están?
Hay сообщает, что какой-то предмет существует или присутствует. Está / están сообщает, где находится уже известный конкретный предмет.
• Hay una mesa en la tienda. В магазине есть стол.
• La mesa está al lado de la ventana. Стол находится рядом с окном.
• Hay dos sillas. Есть два стула.
• Las sillas están delante de la mesa. Стулья находятся перед столом.
Ejercicios de gramática
Ejercicio 1. Completa con hay, está o están









