La bruja de octubre
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Язык: Русский
Год издания: 2026
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La bruja de octubre

Глава

LA BRUJA DE OCTUBRE

Jules Honing

Español A2-B1

Lectura adaptada con vocabulario y ejercicios

Все изображения сгенерированы платными ИИ и принадлежат автору.

Capítulo 1. Treinta días para ser bruja


El primero de octubre, Clara Bennett se despierta antes de que suene el despertador. Durante unos segundos se queda en la cama y mira la luz gris que entra por la ventana. Ha llovido durante la noche y el cristal está cubierto de pequeñas gotas. En el jardín, las hojas de los arces empiezan a cambiar de color: algunas todavía son verdes, pero otras ya son amarillas, rojas y naranjas. Clara sonríe. Le gusta octubre más que cualquier otro mes del año, pero este año tiene una razón especial para estar impaciente.

Dentro de treinta días va a cumplir dieciocho años. Para muchas personas, cumplir dieciocho significa poder votar, conducir sin algunas restricciones o tomar decisiones sin pedir permiso a sus padres. Para Clara significa algo mucho más importante. En la familia Bennett, las mujeres reciben su magia cuando cumplen dieciocho años. Su madre es bruja, su abuela es bruja y su tía Rose también. Clara ha crecido entre hierbas que se mueven sin viento, tazas que llegan solas a la mesa y pequeñas luces que aparecen sobre la mano de su madre cuando se va la electricidad.

Sin embargo, Clara todavía no puede hacer nada de eso. Desde pequeña tiene prohibido intentar hechizos de verdad. Puede estudiar las plantas, leer algunos libros familiares y ayudar a preparar mezclas sencillas, pero no puede utilizar magia hasta su cumpleaños. Su madre siempre dice que la magia necesita una mente adulta y que una habilidad sin control puede ser peligrosa. Clara ha escuchado esa explicación tantas veces que ya puede repetirla palabra por palabra, aunque nunca le ha gustado demasiado.

Lo más curioso es que Clara nació el 31 de octubre, la noche de Halloween. En Willow Creek, un pequeño pueblo de Vermont rodeado de bosques y montañas, todo el mundo piensa que es una coincidencia divertida. Sus compañeros de clase suelen bromear y decir que una chica nacida en Halloween debería tener una escoba y un sombrero negro. Clara se ríe con ellos porque nadie sabe que la mitad de la broma es verdad. No tiene escoba y nunca lleva sombrero, pero dentro de treinta días será una bruja de verdad.

Clara se levanta y abre las cortinas. Tiene diecisiete años, el pelo rubio hasta los hombros y unos ojos claros que parecen más verdes o más grises según la luz. Hoy lleva un jersey color crema, unos vaqueros y calcetines gruesos porque la casa está fría. Mientras busca una goma para el pelo, oye un ruido suave junto a la puerta. Su gato negro, Galleta, entra en la habitación con la cola levantada y salta sobre la cama como si fuera el dueño de la casa.

Galleta apareció en el jardín de los Bennett cuando Clara tenía trece años. Era un gatito pequeño, completamente negro, con grandes ojos amarillos. Nadie sabía de dónde venía y, después de una semana intentando encontrar a su dueño, Clara convenció a su madre para quedarse con él. Le puso Galleta porque el primer día el gato robó una galleta de mantequilla de la cocina. Cuatro años después sigue robando comida siempre que tiene oportunidad y conserva la desagradable costumbre de mirar a las personas como si entendiera perfectamente todo lo que dicen.

Clara se agacha para acariciarlo y Galleta cierra los ojos, satisfecho. Después se acerca al calendario que cuelga junto al escritorio. El día 31 está rodeado por un círculo naranja desde hace meses. Debajo, Clara ha escrito en letras grandes: «18». No necesita ninguna nota para recordar la fecha, pero verla allí le produce una mezcla de nervios y emoción. Toma un bolígrafo y dibuja una pequeña cruz sobre el número uno.

En la cocina huele a café, pan tostado y canela. Su madre, Laura, está preparando el desayuno mientras escucha las noticias en la radio. Tiene el pelo recogido y lleva un delantal verde sobre la ropa. Sobre la mesa hay un pequeño frasco con hojas secas, una taza de té y una manzana cortada. A primera vista, la cocina parece completamente normal. Solo hay un detalle extraño: una cuchara está removiendo sola el café de Laura.

Clara deja la mochila junto a una silla y mira la cuchara con cierta envidia.

-Treinta días -dice mientras se sienta.

Laura no necesita preguntar de qué habla.

-Buenos días para ti también.

-Mamá, treinta días.

-Ayer eran treinta y uno.

-Gracias por la información.

Laura sonríe y la cuchara cae dentro de la taza.

-No quiero que pases todo el mes pensando solamente en eso. Tienes clases, trabajo y un examen de historia el viernes.

-Puedo pensar en varias cosas al mismo tiempo.

-Eso espero.

Clara toma una tostada y mira las manos de su madre. Desde que era niña ha intentado imaginar qué se siente al hacer magia. Laura puede curar pequeños cortes, preparar remedios muy eficaces y hacer crecer algunas plantas con una rapidez imposible. No puede curar enfermedades graves ni cambiar el mundo con un movimiento de la mano, pero para Clara siempre ha sido suficiente. Cuando tenía ocho años, vio a su madre salvar una planta que parecía completamente seca. Desde entonces quiso saber cuál sería su propia habilidad.

-¿Cuándo supiste qué tipo de magia tenías? -pregunta Clara.

Laura abre un armario y saca un plato.

-Ya te lo he contado.

-Cuéntamelo otra vez.

-El día después de mi cumpleaños encontré una planta muerta en el jardín. La toqué y volvió a ponerse verde.

-¿Y no te asustaste?

-Muchísimo. Después llamé a tu abuela y lloré durante veinte minutos.

Clara se ríe. Le cuesta imaginar a su madre, que siempre parece tranquila y segura, llorando por una planta.

-¿Y si mi magia es aburrida?

Laura la mira con una ceja levantada.

-¿Aburrida?

-Sí. No sé... quizá pueda hacer que los calcetines estén siempre secos.

-Eso sería muy útil en Vermont.

-Mamá.

-Clara, no puedes elegir tu habilidad. Además, tener magia no convierte automáticamente tu vida en una aventura.

Clara mira por la ventana. Galleta está sentado en el alféizar y observa un pájaro en el jardín.

-Un poco de aventura no estaría mal.

Laura guarda silencio durante un instante. Su expresión cambia tan poco que otra persona quizá no lo notaría, pero Clara conoce bien a su madre. La sonrisa desaparece y sus dedos se quedan quietos alrededor de la taza.

-Ten cuidado con lo que deseas -dice finalmente.

Clara frunce el ceño, pero Laura ya está mirando el reloj y le recuerda que va a perder el autobús. La conversación termina allí. Clara se pone la chaqueta, toma la mochila y sale de casa con la sensación de que su madre ha dicho algo más importante de lo que parecía.

Willow Creek está especialmente bonito en octubre. La calle principal tiene edificios antiguos de ladrillo, una pequeña biblioteca, varias cafeterías y tiendas con escaparates decorados para Halloween. Esa mañana, dos empleados municipales están colocando guirnaldas de luces alrededor de los árboles de la plaza. Delante de una panadería hay tres enormes calabazas y una pizarra anuncia sidra caliente y tartas de manzana. Clara conoce cada esquina del pueblo porque ha vivido allí toda su vida, pero en otoño le parece diferente, como si Willow Creek también estuviera esperando algo.

En el instituto, su mejor amigo Noah Miller la espera junto a las taquillas. Noah tiene dieciocho años desde agosto y utiliza esa diferencia de dos meses para recordarle constantemente que él es, según sus propias palabras, «un adulto responsable». Clara todavía no ha encontrado ninguna prueba de esa responsabilidad.

-Faltan treinta días -dice Noah cuando la ve.

Clara se detiene.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque llevas hablando de tu cumpleaños desde junio.

-No es un cumpleaños normal.

-Claro. Es Halloween. Vas a comer tarta mientras niños vestidos de fantasmas llaman a tu puerta.

Clara sonríe. Noah no sabe nada sobre las Bennett. Para él, las brujas pertenecen a las películas, los libros y las historias que los turistas compran en las tiendas de Willow Creek. A veces Clara ha estado a punto de contarle la verdad, pero las reglas familiares son claras: nadie fuera de la familia debe saberlo sin una buena razón. «Es mi mejor amigo» todavía no ha sido aceptado por su madre como una buena razón.

Las clases pasan lentamente. En Literatura hablan de leyendas de Nueva Inglaterra y en Historia empiezan un tema sobre el siglo XX. Clara toma apuntes, responde a una pregunta del profesor y trata de concentrarse, pero varias veces escribe «31 de octubre» en el margen de su cuaderno sin darse cuenta. Durante el almuerzo, Noah descubre una de las fechas y se ríe de ella. Clara cierra el cuaderno y le roba una patata frita como castigo.

Después de las clases, Clara vuelve andando a casa. El cielo está más oscuro y el aire huele a tierra mojada. Cuando llega, encuentra a su abuela Evelyn en la cocina con Laura. Evelyn vive a tres calles de allí, pero visita la casa casi todos los días. Es una mujer pequeña de setenta y cuatro años, con el pelo completamente blanco y una energía que hace difícil creer su edad. Su habilidad es muy diferente de la de Laura: a veces ve pequeños fragmentos del futuro. Nunca sabe cuándo van a aparecer ni puede elegir qué va a ver, algo que, según ella, hace que su magia sea «más molesta que útil».

-Aquí está nuestra futura bruja -dice Evelyn.

-Treinta días -responde Clara.

-Ya lo sé. Tu madre me ha informado.

Laura suspira.

-Lleva contándoselo a todo el mundo desde que se ha levantado.

Evelyn se ríe y pone una taza delante de Clara. Es chocolate caliente con canela, exactamente como le gusta. Durante unos minutos hablan del colegio y de los preparativos de Halloween. La conversación es tranquila hasta que Clara vuelve a preguntar por su futura habilidad.

-¿Puede aparecer antes del cumpleaños?

Evelyn y Laura se miran. Es un gesto rápido, pero Clara lo ve.

-Normalmente, no -responde su abuela.

-¿Normalmente?

-Cada persona es diferente.

-Entonces sí puede pasar.

Laura recoge una cuchara que no necesita recoger.

-No busques problemas donde no los hay, Clara.

La respuesta no satisface a Clara, pero decide no insistir. Sabe que cuando su madre utiliza ese tono es casi imposible conseguir más información. Bebe el chocolate y escucha a su abuela contar una historia sobre una clienta que ha pedido un remedio para dormir y después se ha quejado porque «dormía demasiado bien». Poco a poco, Clara deja de pensar en la extraña mirada que han intercambiado las dos mujeres.

Por la noche hace los deberes en su habitación mientras Galleta duerme sobre una pila de ropa limpia. Cerca de las diez, Clara cierra el libro de Historia y se estira. La casa está silenciosa. Su madre está abajo leyendo y la lluvia vuelve a golpear suavemente las ventanas. Clara decide bajar por un vaso de agua.

En el pasillo oye un ruido sobre su cabeza. No es fuerte: solo un golpe breve, como si algo pequeño hubiera caído al suelo. Clara se queda quieta y escucha. La casa de los Bennett es antigua y siempre hace ruidos, especialmente cuando hace viento, pero esta noche el aire está casi inmóvil.

Entonces Galleta sale de la habitación y camina hacia la escalera que lleva al tercer piso. Clara lo sigue. Arriba solo hay un pequeño ático, varias cajas y una habitación que siempre permanece cerrada. Desde niña sabe que no debe entrar allí. Su madre dice que está llena de objetos viejos y que el suelo no es seguro. Clara nunca ha tenido una razón seria para dudar de esa explicación.

Galleta sube el último escalón y se sienta delante de la puerta cerrada.

-¿Qué haces? -susurra Clara.

El gato no la mira. Mantiene los ojos fijos en la puerta. Clara espera unos segundos. No ocurre nada. Se siente un poco ridícula por estar en mitad del pasillo hablando con un gato delante de una habitación vacía.

-Vamos. No hay nada ahí.

Galleta mueve una oreja, pero no se va. Clara se acerca a la puerta. La madera está fría bajo sus dedos. Nunca había prestado mucha atención a la cerradura, pero ahora observa que es antigua y mucho más grande que las cerraduras de las otras habitaciones. Prueba el pomo por curiosidad. Como siempre, no se mueve.

En ese momento oye otro golpe al otro lado. Esta vez está segura. Clara retira la mano y mira a Galleta. El gato, por fin, gira la cabeza hacia ella. Sus ojos amarillos brillan en la oscuridad del pasillo.

-Ha sido la casa -dice Clara, aunque no sabe a quién intenta convencer.

Galleta se levanta, toca la puerta con una pata y después vuelve a sentarse. Clara se frota los brazos. Mira hacia la escalera, pensando en llamar a su madre, pero cambia de idea. Probablemente solo hay una caja mal colocada o una ventana abierta. Además, si Laura descubre que está investigando la habitación prohibida, la conversación será larga y desagradable.

Regresa a su dormitorio y Galleta la sigue unos minutos después. Antes de meterse en la cama, Clara marca otra vez el día en el calendario y mira el gran círculo alrededor del 31 de octubre. Treinta días. Solo treinta días para descubrir qué clase de bruja va a ser.

Apaga la lámpara. Galleta salta a los pies de la cama y se acomoda sobre la manta. Clara cierra los ojos, pero tarda bastante en dormirse. Cada vez que la casa cruje, recuerda la puerta del ático y el sonido que ha escuchado detrás de ella. Por primera vez en muchos años, el 31 de octubre no es el único misterio que ocupa sus pensamientos.

Ejercicios de vocabulario

1. Completa las frases

1. Clara va a ______ dieciocho años el 31 de octubre.

2. Todas las mujeres Bennett reciben su ______ a los dieciocho años.

3. Clara tiene muchas ______ de descubrir cuál será su habilidad.

4. Su madre dice que Clara tiene ______ hacer hechizos antes de su cumpleaños.

5. La habitación del tercer piso está en el ______.

6. Clara oye un ruido detrás de una ______.

7. El cumpleaños de Clara será a finales de ______.

8. A Clara le gustaría tener una ______ interesante.

2. Relaciona

1. bruja 2. hechizo 3. medianoche 4. secreto 5. otoño 6. esperar

a. осень b. ждать c. ведьма d. полночь e. секрет f. заклинание

3. Elige la opción correcta

1. Si estás impaciente: a) no quieres que algo llegue b) tienes muchas ganas de que llegue c) estás dormido

2. Si algo está prohibido: a) no puedes hacerlo b) debes hacerlo c) ya lo has hecho

3. Una habilidad es: a) una capacidad especial b) una fecha c) una habitación

4. Un ático está normalmente: a) debajo de la casa b) en la parte alta de la casa c) en el jardín

5. Un secreto es algo que: a) todo el mundo sabe b) nadie puede recordar c) no quieres contar a otras personas

4. Busca en el texto

1. ¿Qué día cumple Clara dieciocho años?

2. ¿Qué tipo de magia tiene Laura?

3. ¿Qué habilidad tiene Evelyn?

4. ¿Por qué el gato se llama Galleta?

5. ¿Qué hay en el tercer piso?

6. ¿Qué hace Galleta delante de la puerta?

5. Verdadero o falso

1. Clara ya puede utilizar magia de verdad.

2. Clara nació la noche de Halloween.

3. Noah sabe que la familia Bennett tiene magia.

4. Laura recibió su habilidad después de cumplir dieciocho años.

5. Evelyn puede elegir exactamente qué parte del futuro quiere ver.

6. La puerta del ático normalmente está cerrada.

7. Clara oye un ruido detrás de la puerta.

Respuestas

Ejercicio 1: 1. cumplir 2. magia 3. ganas 4. prohibido 5. ático 6. puerta cerrada 7. octubre 8. habilidad

Ejercicio 2: 1-c, 2-f, 3-d, 4-e, 5-a, 6-b

Ejercicio 3: 1-b, 2-a, 3-a, 4-b, 5-c

Ejercicio 4: 1. El 31 de octubre. 2. Puede curar pequeños cortes, preparar remedios y ayudar a crecer a las plantas. 3. Ve pequeños fragmentos del futuro. 4. Porque el primer día robó una galleta de mantequilla. 5. Un ático, cajas y una habitación cerrada. 6. Se sienta delante de ella, la mira y toca la puerta con una pata.

Ejercicio 5: 1. Falso 2. Verdadero 3. Falso 4. Verdadero 5. Falso 6. Verdadero 7. Verdadero

Capítulo 2. Las mujeres Bennett


A la mañana siguiente, Clara se despierta pensando en la puerta del ático. Durante la noche ha intentado convencerse de que el ruido no significaba nada, pero la explicación no le parece tan buena ahora que hay luz. Mientras se viste para ir a clase, mira varias veces hacia el techo de su habitación. Galleta está sentado sobre el escritorio, limpiándose una pata con absoluta tranquilidad. Parece el mismo gato de siempre, y Clara casi se enfada con él por no compartir su preocupación.

En el desayuno decide no contarle nada a su madre. Laura está de buen humor y prepara una infusión con unas hojas que ha secado durante el verano. Clara sabe que esas plantas no son normales. Su madre cultiva muchas en un pequeño invernadero detrás de la casa y las utiliza para preparar cremas, infusiones y remedios. Algunos solo sirven para aliviar un dolor de cabeza o dormir mejor, pero otros funcionan demasiado rápido para ser simples plantas medicinales.

Cuando Clara era pequeña, pensaba que todas las madres podían hacer lo mismo. Una vez, con siete años, se cayó de la bicicleta y se hizo una herida bastante fea en la rodilla. Laura puso las manos sobre la piel, dijo unas palabras en voz baja y el dolor desapareció casi por completo. Al día siguiente, la herida parecía tener una semana. Clara contó la historia en el colegio y su profesora llamó a Laura para preguntarle qué crema milagrosa utilizaba. Aquella noche Clara aprendió una de las reglas más importantes de su familia: la magia debía mantenerse en secreto.

Las Bennett no tenían una lista escrita de normas pegada en la nevera, pero Clara las conocía perfectamente. No podían utilizar la magia para conseguir dinero de manera injusta. No podían controlar los sentimientos o las decisiones de otra persona. No podían usarla por venganza ni para hacer daño. Y, sobre todo, no debían mostrar sus habilidades a personas que no pertenecían a la familia sin una razón importante. Según su abuela, las reglas existían porque tener un don no significaba tener derecho a hacer cualquier cosa.

Clara entiende algunas de esas normas, pero otras siempre le han parecido demasiado estrictas. En Willow Creek nadie cree seriamente en las brujas. El pueblo vende velas, cartas del tarot, sombreros negros y todo tipo de recuerdos mágicos a los turistas, especialmente en octubre. Si Clara hiciera aparecer una pequeña luz delante de Noah, probablemente él buscaría un truco antes de aceptar que la magia existe. Aun así, Laura no quiere correr ningún riesgo.

Después de las clases, Clara no vuelve directamente a casa. Los miércoles ayuda a su tía Rose en una pequeña tienda de plantas y productos naturales que está cerca de la plaza principal. El local se llama Green Moon y huele siempre a lavanda, menta y madera. Rose vende jabones, velas, infusiones y cremas hechas a mano. Para los clientes, es simplemente una mujer que sabe muchísimo de plantas. Para Clara, es la persona más divertida de la familia Bennett.

Rose tiene treinta y nueve años, lleva el pelo corto y suele vestir con colores vivos incluso en invierno. Su magia también es diferente. Puede entender a los animales mucho mejor que una persona normal. No mantiene conversaciones completas con ellos, al menos eso dice, pero sabe cuándo tienen miedo, dónde les duele algo y qué necesitan. Clara ha visto perros agresivos quedarse tranquilos en cuanto Rose les toca la cabeza, y una vez su tía encontró un gato perdido porque, según explicó, «tres cuervos estaban muy interesados en una caja detrás del supermercado».

Cuando Clara entra en Green Moon, Rose está colocando pequeños frascos en una estantería. Una mujer mayor espera junto al mostrador con una bolsa de papel en las manos.

-Dos cucharaditas antes de dormir -explica Rose-. Y nada de café después de las seis.

-¿Ni siquiera uno pequeño? -pregunta la clienta.

-Señora Parker, la última vez me dijo que tomaba cuatro cafés por la tarde.

-Tres.

Rose la mira en silencio.

-Bueno, quizá cuatro.

La mujer promete intentarlo y sale de la tienda. Rose espera a que la puerta se cierre antes de mirar a Clara.

-La magia puede hacer muchas cosas, pero todavía no he encontrado un hechizo contra las malas decisiones.

Clara deja la mochila detrás del mostrador y se ríe.

-Mamá diría que no podemos controlar las decisiones de otras personas.

-Tu madre tiene la desagradable costumbre de tener razón.

Clara empieza a colocar cajas de té en una estantería. Durante unos minutos trabajan en silencio. Fuera, la calle está llena de gente. Octubre atrae muchos visitantes a Willow Creek, y los comercios aprovechan el mes para decorar cada rincón con calabazas, luces y hojas secas. Green Moon tiene una guirnalda de pequeñas lunas doradas alrededor del escaparate y varias calabazas blancas junto a la entrada.

-Rose, ¿tú sabías cuál iba a ser tu don antes de cumplir dieciocho? -pregunta Clara.

Su tía deja un frasco sobre la mesa.

-No. Pensaba que iba a ser como tu madre.

-¿Y cuándo descubriste lo de los animales?

-La mañana después de mi cumpleaños. El perro de los vecinos no paraba de ladrar y, de repente, entendí que tenía miedo de una tormenta.

-¿Escuchaste palabras?

-No exactamente. Es difícil de explicar. Era como comprender una idea sin escucharla.

Clara mira por el escaparate y piensa en Galleta sentado frente a la puerta del ático. Por un momento siente ganas de contarle a Rose lo ocurrido, pero decide esperar. Si su tía considera que el ruido es importante, seguramente se lo contará a Laura, y Clara todavía quiere investigar un poco por su cuenta.

-¿Todos heredamos la magia de alguien? -pregunta.

-A veces sí y a veces no. Hay dones que aparecen varias veces en una familia y otros que parecen nuevos. Tu abuela, por ejemplo, heredó parte de su habilidad de su madre.

-¿La bisabuela podía ver el futuro?

Rose tarda un segundo en responder.

-Tenía intuiciones muy fuertes. No era exactamente igual.

-¿Y la madre de la bisabuela?

-Clara, si seguimos así, voy a necesitar dibujar un árbol genealógico en la pared.

La respuesta hace reír a Clara, pero también le llama la atención que Rose haya cambiado de tema tan rápido. Desde el día anterior, tiene la sensación de que los adultos de su familia evitan algunas preguntas. Puede ser una coincidencia, aunque Clara empieza a pensar que hay demasiadas coincidencias juntas.

Al terminar el trabajo, Rose le entrega una pequeña bolsa de papel.

-Para tu madre. Salvia y romero.

-¿Normales o mágicos?

-Depende de quién pregunte.

Clara guarda la bolsa en su mochila y sale. El cielo ya está oscuro, aunque todavía no son las siete. Decide pasar por casa de su abuela antes de volver a la suya. Evelyn vive en una casa amarilla con ventanas blancas y un jardín lleno de plantas que parecen crecer sin ningún orden. En verano es un pequeño caos verde; en octubre, las hojas cubren casi todo el camino hasta la puerta.

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