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Sin muros
Los resultados confirmaron que el acceso a Internet guardaba estrecha relación con las diferencias educativas entre colegios estatales y privados, así como con las familias de procedencia provinciana. Fue muy claro que los niños y jóvenes de niveles socioeconómicos más altos explotaban de manera más intensiva y provechosa los recursos de la tecnología porque la tenían en sus hogares, por el apoyo de sus padres y por el grado de eficiencia que se venía logrando en sus colegios por la instrumentalización pedagógica de la computadora. Cabe indicar que los padres fomentaban el uso intensivo de la tecnología porque pensaban que así sus hijos estarían mejor preparados para el futuro. Por esos motivos, las diferencias entre los escolares no estaban definidas solamente por las mayores o menores posibilidades en el acceso, sino por la manera en que aprendían a utilizarla para el aprendizaje. Los maestros, escasamente capacitados, adiestraban al alumno en buscar la información y no en aplicarla, manipularla e interpretarla.
Los adolescentes se manifestaron gustosos con la posibilidad de dialogar en línea en el chat, encontrarse con personas desconocidas, incluso experimentar y jugar con sus identidades. Se cambiaban la edad, el sexo e, incluso, inventaban nuevos roles. Apreciaban sobremanera la posibilidad de extender sus intercambios y su autoafirmación y socialización. Recordemos que se trataba de salas de chat en las cuales cualquiera se encontraba con otros de edades o procedencias distintas. Por la frecuencia con que jugaban y «chateaban» constatamos que preferían entablar relaciones con otros distantes y afirmar lazos de complicidad con los amigos próximos a través del juego compartido en la cabina pública. La fuerza o el valor que tiene en sus testimonios la referencia que le dan a conocer otras personas, de otros lugares, y de interactuar con ellos a través del chat, hay que interpretarla como una característica de la adolescencia, pero además como un signo de este tiempo en el que los jóvenes reafirman la fuerza de la relación entre pares. Pero a esto se sumó la relación a distancia y el juego con sus identidades, es decir, ensayar un «yo» diferente y múltiple. Narraron que se sentían muchas veces rechazados por su condición de peruanos por la imagen que los medios de comunicación ofrecían sobre ellos. Tuvieron una sensación de fastidio y de minusvalía, optando en el chat por cambiar de nacionalidad para evitar el rechazo. La edad fue una limitación, por ello se la «aumentan» para «tentar» relaciones interesantes. Es importante destacar que en todos los casos hablaban de estos temas con absoluta naturalidad.
La percepción sobre el maestro fue sumamente esclarecedora. Contra lo que pudiera esperarse, no lo calificaron como portador de sabiduría o conocimientos trascendentes, y ni siquiera su experiencia profesional resultaba fundamental. Valoraron especialmente su presencia, el trato cotidiano, que les explicara lo que no comprendían, que aclarara dudas, incluso las reprimendas. Esto indicaba la necesidad que tienen los adolescentes del vínculo directo, personal, no solo el de la transmisión de saberes ni el de mediación tradicional en el aula. Por ese motivo seguían prefiriendo a su maestro frente a la computadora e Internet, aunque era evidente la fractura entre la cultura de los jóvenes y las pretensiones de los adultos. Mientras estos asociaban Internet con el aprendizaje, el conocimiento, la amplitud de criterio y lo racional, los jóvenes la apreciaban como espacio de información para la vida social y de disfrute a través de las imágenes. Sostenemos que el reto de la educación está en evitar la contradicción entre un uso educativo y otro para el entretenimiento.
En este libro sostenemos que la llamada brecha digital ha sido medida comercialmente, considerando indicadores como el acceso, la conexión y el uso de ciertas páginas. En el fondo ha sido la visión de Internet como un gran centro comercial global del que se pretende que los más jóvenes participen. No obstante, se advierte que estos empiezan a producir sus propias formas de uso y se apropian de las tecnologías a su modo. Ya en el año 2000 señalábamos que no bastaba saber operar la máquina, aprender a navegar por Internet y buscar información. Se propuso la alfabetización digital para que los escolares no solamente accedan a más información, sino que también la elaboren y la emitan. El desarrollo de estas habilidades no se circunscribiría —así lo señalábamos como conclusión— a que los chicos navegaran por Internet. En las escuelas se requería construir y elaborar redes educativas, de acuerdo con la edad, los conocimientos, las capacidades y la cultura. Entornos que les permitiesen desarrollar formas de aprendizaje utilizando las propias herramientas del juego. Para ello, la preparación y formación de los maestros y su capacitación cultural y lingüística resultaba fundamental. Enseñar, motivar, corregir, atender, promover las relaciones grupales, fueron propuestas como las grandes apuestas que permitiesen a los maestros capacitarse en el trabajo cooperativo y compartirlo con sus alumnos, evitando que los adolescentes buscaran fuera de la escuela lo que les interesaba, en lo que llamamos el e-mercado. Construir espacios educativos interesantes y atractivos que trabajen con la imagen; espacios democráticos que fomenten la participación y la opinión, el ensayo y la experimentación; redes educativas orientadas a integrar la razón y la emoción, fueron señaladas como una necesidad fundamental.
La edad de la pantalla. Tecnologías interactivas y jóvenes peruanos fue el producto de una siguiente investigación desarrollada en tres ciudades del Perú. Consideramos urgente mirar más allá de Lima (en ciudades del interior, mas no del mundo rural), y recoger las prácticas de consumo, así como las apreciaciones de estos escolares en Chiclayo, Cusco e Iquitos, de primero y quinto de secundaria, hombres y mujeres, de colegios públicos y privados. Fue una experiencia personal importante porque después de aplicada la encuesta por el Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima, viajé a las tres ciudades para realizar los focus groups. Se procuró comprender cómo las TIC afectaban los procesos de aprendizaje, la socialización y la subjetividad de los jóvenes escolares, desde una perspectiva intercultural. Asimismo, se investigaron los diferentes espacios de socialización y de encuentro presencial, las experiencias de la interacción a distancia y las diferentes comunidades de entretenimiento y aprendizaje. Pudimos recoger las visiones de los escolares acerca de la educación que reciben, la fuerza de la imagen frente a la lectura y su visión de futuro personal y de país.
Fueron desarrolladas importantes apreciaciones sobre la desigualdad como resultado del diferenciado acceso a los nuevos recursos de la individuación, y el valor de la información como recurso simbólico y reflexivo, transformado en capital de diferenciación. La imagen, considerada por muchos como superflua, ingresa con gran fuerza en estas ciudades del interior del país, y los jóvenes en Chiclayo, Cusco e Iquitos se sienten enlazados social y emotivamente por la música y las imágenes. Definitivamente, se han ido transformando los modos de leer y los lenguajes, producto de la variedad y el volumen de textos escritos, orales, visuales, musicales y multimedia. Por otro lado, el entusiasmo de estos jóvenes por la llegada de la computadora e Internet a los colegios no coincide necesariamente con la calidad del acceso ni la formación de sus profesores, pero se transforma en la ilusión de la modernidad. Por esos motivos nos preguntamos al inicio de la investigación por las nuevas formas de relación y de socialidad en las tres ciudades, y si se han producido modificaciones en la memoria, el comportamiento y las identidades. Asimismo, en qué medida la educación en estas regiones se había visto afectada por el consumo de Internet y si el modelo educativo centralista, instruccionista y burocrático se ve amenazado por un sistema comunicativo con nuevos valores, basado en la flexibilidad, los modelos interactivos, la personalización, lo efímero y la inmediatez.
Al concluir la investigación pudimos dar respuesta a las preguntas planteadas originalmente. Así como en la investigación realizada en Lima el año 2002 se concluyó que los escolares utilizaban Internet principalmente para entretenerse y, en segundo término, para aprender, algunos años después no ocurría lo mismo en las tres ciudades estudiadas. Para estos escolares el valor del aprendizaje y la información era mayor, seguramente porque las condiciones de la educación en el interior del país acusaban una inferioridad muy marcada frente a Lima. Los escolares y sus padres muy preocupados por su futuro encontraban en el acceso a Internet y a los medios audiovisuales, especialmente en las imágenes, la posibilidad de «conocer» sobre muchos aspectos que la escuela no les posibilitaba. Le otorgaron un lugar preferente a Internet como forma de conocimiento, resultando complementaria a la educación que recibían en el aula.
A pesar de lo señalado y de su apreciación positiva sobre la educación vinculada a su futuro, a la que se suma Internet, los adolescentes se explayaron también en su importancia como un nuevo espacio para comunicarse, que, sin reemplazar a los espacios presenciales, les permite actuar e interactuar con otros. Más aún porque apreciaban que se trataba de un espacio nuevo y diferente con el cual no contaban antes. Ello explica que los profesores se hayan visto conminados a acompañar sus clases con ayudas audiovisuales o referentes de imágenes, para ilustrar los temas que desarrollan, y mantener el interés de los alumnos. Empero, el uso que los maestros hacían de los recursos audiovisuales y de Internet era elemental, porque se limitaba a ser un nuevo recurso tecnológico. No venía precedido de una reflexión acerca de las nuevas posibilidades del trabajo colaborativo, de la participación de los alumnos, de la interactividad o del contacto con otros. Especialmente en los colegios estatales, por las limitaciones de la capacitación del docente, se hacía «más de lo mismo» y se «maquillaba» el trabajo en el aula, pero sin resultados distintos y sin convocar la participación del alumno en la producción de nuevo conocimiento y de investigación. Se resolvía el problema enviando a los alumnos a navegar por Internet y a encontrar respuesta a interrogantes o a temas planteados, pero sin proporcionarles los conocimientos y las herramientas para búsquedas de información de calidad.
Los adolescentes fueron muy entusiastas al señalar que las imágenes los ayudaban a conocer e imaginar, y fueron contundentes al afirmar que aprendían a través de las imágenes. Los escolares en las tres ciudades leían libros que sus profesores les sugerían en los cursos, así como aquellos recomendados por los padres, también diarios y revistas. Pero, por otro lado, expresaron su confianza casi ciega en Internet, como solución rápida de problemas. Para los maestros y los padres la lectura y las imágenes son dos polos de la vida de los chicos y no existe complementariedad posible. Las relaciones cotidianas y familiares se veían también desafiadas por el desarrollo tecnológico, tanto por los medios masivos, cuya introducción tiene una historia anterior, como por Internet. A pesar del número todavía escaso de computadoras en casa, Internet está muy presente en el imaginario de los escolares y también en el de sus familias. Iban en aumento los esfuerzos de los padres por ampliar la infraestructura familiar con estos medios, aunque también fueron puestos de manifiesto los temores frente a Internet y los riesgos a los cuales estaban expuestos sus hijos. Especialmente los padres de menos recursos controlaban la asistencia de los menores a las cabinas públicas, tratando de limitarla a la realización de las tareas escolares.
Se identificó un uso de Internet creciente e invasivo por fuera de la escuela. Los escolares se sentían satisfechos al acceder a la red, especialmente al compartir estados de ánimo a distancia. Esto resultaba para ellos una nueva experiencia al conversar sin que medie el contacto físico, y poder expresar aquello que «cara a cara» no podían decir, todo lo cual añadía un valor insospechado a sus relaciones cotidianas. Muy abiertos a conocer, a saber cosas nuevas, a lo que los nuevos amigos les podían contar de otros lugares, ciudades o países. Las relaciones con algún amigo o pariente que había migrado fuera del Perú se facilitaba por estas vías. Se advierte que los jóvenes escolares preferían la simultaneidad y rapidez de Internet a la linealidad visual de la televisión, aunque hay una clara continuidad en el consumo con los medios audiovisuales. Estaban habituados a ingresar a chats públicos para conocer gente nueva y —gracias al anonimato— describirse diferentes de como son, entrenar nuevas capacidades para hablar con desconocidos y «jugar» con sus edades, identificación de género y datos sobre su origen social. Estas eran prácticas propias de los escolares de mayor edad.
En el consumo que los escolares hacen de la televisión de señal abierta y por cable, la radio, el celular e Internet, están presentes las marcas propias de las ciudades a las cuales pertenecen. Los niños y jóvenes cusqueños no dejan de hablar de la condición de su ciudad como turística, como la más importante del Perú, cuando se explayan sobre la situación de su colegio, sus familias, sus lecturas y su acceso a Internet. Vivir en el Cusco les da una posibilidad distinta y ellos se sienten muy bien por esa razón, pero también son conscientes de la pobreza y la falta de atención que existe en la ciudad «oculta», que no es la que se muestra hacia fuera. Por ese motivo, el tema de la discriminación y ser tildados como «serranos» los afecta sobremanera. Los escolares de Iquitos se sienten «separados» del resto del país, muy poco integrados, resienten que los medios de comunicación los muestren como distintos, desordenados, poco modernos. Saben que la Amazonía encierra una belleza natural particular, pero también consideran que el país la desconoce. Los escolares chiclayanos están más vinculados a las industrias culturales que el resto, hay más acceso a los medios y a Internet. Están muy afectados por la delincuencia y la inseguridad de una ciudad muy comercial y bulliciosa. Hay que destacar que los medios masivos de comunicación, especialmente la televisión y la radio, han creado referentes comunes, imágenes y música que pueblan la imaginación y la vida de los escolares. Las industrias culturales, la música, la publicidad, los programas, los personajes, producen, en medio de las diferencias, factores de homogeneidad que resultan incuestionables entre los más jóvenes, pese a las distancias y las diferencias socioculturales.
Internet restaura algunos rasgos dialógicos de la oralidad entre los adolescentes. El Messenger empezaba a desplazar a las salas de chat, especialmente entre los escolares de colegios privados, en el diálogo cotidiano, porque lo consideraban como más personal, más privado, y por la posibilidad de seleccionar sus contactos. Los escolares lo utilizaban para hacer sus tareas y tener largas conversaciones, sentían que contribuía a liberarlos de su timidez. Pero también en las tres ciudades es un espacio para la comunicación familiar. En ningún caso se registró que los maestros lo utilicen como forma para dialogar con sus alumnos, ni mucho menos que se establezcan entornos pedagógicos que permitieran el diálogo de escolares de distintas ciudades. La interactividad en el aula aún no estaba presente. Los medios como el video, por ejemplo, son utilizados en el aula para ilustrar la palabra, pero en ningún caso para dialogar acerca de las posibles y diversas «lecturas» sobre los temas planteados. Mucho menos Internet, que es utilizada, fundamentalmente, como una biblioteca sin límites.
Hay que destacar el papel de las escolares mujeres. Las investigaciones ya indicaban que su situación había dejado su condición de subalternidad en la educación en las zonas urbanas. Tanto para los maestros y padres, como especialmente para los escolares, las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, en general y en sus expectativas de estudio, todo lo cual nos habla de un cambio cultural. Esto ocurre con claridad en el acceso a tecnologías como Internet, que tradicionalmente fueron de uso preferente por parte de los varones. Si bien todavía se mantienen algunas limitaciones para las mujeres, que tienen que desplazarse fuera de la casa, ellas son las que más se comunican a través de la red, y esto marca una tendencia muy importante.
Sobre las percepciones acerca del país, lo destacable al respecto, más allá de la inmensa desconfianza que los escolares tienen de los políticos, es su percepción de la exclusión y de la discriminación entre peruanos. Desde muy pequeños han sentido que los peruanos no son iguales; que el color de la piel, el dinero y el prestigio, el lugar del que vienen, así como las «relaciones», son factores de discriminación.
Finalmente, y a modo de recomendación, se sostuvo que la comunicación no puede ser ignorada por las políticas educativas del Estado, por las políticas internas en los centros educativos, por el maestro en el aula, por la madre y el padre en el hogar. No puede seguirse sosteniendo esta fractura y esta contradicción entre los conocimientos que vienen de la lectura y de las imágenes, sugiriéndose incidir en su complementariedad, dar curso a su autonomía y al desarrollo de sus propios puntos de vista acerca de lo que sabe y de lo que ocurre. Frente a la abundancia informativa, más que nunca, el escolar requiere de una educación que lo conduzca a discriminar la información y disciplinar el pensamiento, pero desde políticas y prácticas que le permitan integrar su pensar y su sentir, su razón y su emoción. Tales fueron las sugerencias.
El año sabático que me otorgó la Universidad de Lima fue un gran apoyo para la elaboración de este libro. En él he intentado explicar el recorrido de mi pensamiento en relación con los cambios que se han vivido y los resultados de las investigaciones. Creo que el esfuerzo por entender cómo se erosionan y transforman ciertos vínculos, las percepciones y las sensibilidades en la vida diaria y en la educación de los más jóvenes, es fundamental para mirar los problemas más allá de las coyunturas.
El primer trabajo, «Desafíos culturales y educativos en el siglo XXI. Los adolescentes peruanos frente al mundo y a su país», tiene el propósito de comprender el sentido de los cambios que hoy se viven en el mundo y los discursos que sobre ellos se difunden, a propósito de la educación, la explosión de las imágenes y la información en el mundo digital. Asimismo, a qué nuevos retos están sometidos los más jóvenes y qué tipos de aprendizajes se requieren en tiempos de extensa incertidumbre. En la segunda parte del estudio se ofrece un análisis de las percepciones y visiones de los adolescentes de tres ciudades del Perú sobre el país, su futuro y la desigualdad social. Esto nos permite contrastar el mundo interno y subjetivo de los más jóvenes y sus sentimientos de ajenidad, frente a las promesas de una sociedad global que deja de lado la historia y la cultura. Se insertan los testimonios de escolares de Chiclayo, Cusco e Iquitos recogidos el 2006. La intención es mostrar cómo la llamada cultura-mundo tiene «espesores» distintos según el lugar y la mirada particular dentro del mismo país.
El segundo texto, titulado «Los nativos digitales entre páginas y pantallas. Los padres limeños, sus percepciones y temores», problematiza y reflexiona sobre las pantallas como espacio y lugar donde transcurren los vínculos entre los jóvenes, así como la convivencia entre lo escrito, lo visual y lo auditivo. Se trata de entender las características de los nativos digitales y las diferencias generacionales, aunque se recogen diversas interpretaciones críticas al respecto. Acompaña a este trabajo un estudio de caso de padres de un colegio limeño que permite conocer sus miradas, actitudes y expectativas, así como los acercamientos y lejanías con sus hijos, aunque muy comprometidos con aportar a su educación y su futuro.
En el tercero, «Los jóvenes y los medios digitales: investigaciones», se reúnen los resultados de investigaciones que resultan relevantes por sus enfoques y hallazgos. La del español Manuel Castells, las italianas Leopoldina Fortunati y Anna María Manganelli, la argentina Roxana Morduchowicz y el inglés David Buckingham. Allí se abordan temas relativos a la telefonía celular, los cambios culturales, la escuela, los videojuegos y otros. A esta síntesis se suma el estudio realizado en Lima, el año 2009, con adolescentes de diversa condición social y económica y que permite ilustrar y comparar resultados. Se constata la explosión de las redes y de la comunicación inalámbrica, en particular de la telefonía celular como fenómeno mundial y nacional. A través del celular se accede a todos los diferentes medios, y los sistemas de telefonía inalámbrica van sustituyendo a la telefonía fija, especialmente entre los más pobres. Los especialistas e investigadores coinciden en que los públicos adoptan, adaptan y modifican las tecnologías de acuerdo con sus prácticas y necesidades, valores e intereses, lo cual explica incluso el curso de la innovación. El caso de la telefonía celular resulta significativo porque la comunicación se produce en cualquier lugar, es decir cambia el referente espacial porque el espacio de interacción se define en términos de flujos de comunicación (local y global), aunque los lugares no desaparecen. Los jóvenes se sienten más libres para establecer sus propios vínculos, más allá del espacio en que se encuentren, convirtiéndose la comunicación en un aspecto central de su existencia.
En cuarto lugar, «Privacidad, intimidad e identidades» tiene el propósito de poner en debate la confusión entre lo privado y lo íntimo. Especialmente las redes sociales consagran un espacio en el cual está de moda mostrar la vida privada, «exhibirse» y estar siempre presente, tener «miles» de amigos a riesgo de desaparecer para el resto. Esto resulta muy importante para pensar en voz alta acerca de la amistad entre los jóvenes, vinculándola con sus necesidades de estar siempre presentes y confrontarse, lo cual lleva a pensar en el tema de las identidades.
El quinto trabajo, «Efectos de las tecnologías en los niños y adolescentes», recoge y comenta los debates cada día más abundantes sobre cómo y cuánto se están afectando las mentes de nuestros niños y adolescentes, se precisan las pérdidas, así como las ganancias y posibilidades. Las neurociencias abren un campo de interés interdisciplinario que requiere explorarse en detalle. En esta oportunidad nos asomamos a los temas del multitasking y las limitaciones o logros que tienen los más jóvenes, a su capacidad de abstracción, a la pérdida o no de su capacidad de profundizar, y también a las oposiciones entre las imágenes y la lectura. No hay posturas extremas, cada uno de los aspectos busca ser evaluado en su particularidad.
En sexto lugar, el ensayo «Lectura, aprendizajes y pantallas: la alfabetización digital» plantea los temas de la lectura y la escritura en la escuela e introduce el aspecto de la literacidad. Se señala que esta última no puede reducirse a la escritura y que en nuestras sociedades se sobredimensionó el pensamiento racional y se desvalorizó la oralidad. Por ello, es la pluralidad de las literacidades, como expresión de la riqueza y diversidad de discursos orales incorporadas al aula escolar, el punto de vista que permite integrar la comunicación y la educación. Es necesario destacar que se producen transformaciones en el lenguaje por el uso del SMS o de las diversas formas de chatear que permiten las nuevas plataformas. Si bien esto influye en las habilidades escritas de los niños y adolescentes, también es cierto que pueden expresar sus emociones a través de nuevos códigos, ampliándose las fronteras de las comunicaciones interpersonales más allá del lenguaje escrito tradicional. Así como puede leerse en diversos soportes, se reestructuran los territorios de la oralidad y la escritura.
Sobre el tema de la alfabetización digital se adopta el punto de vista de los diversos aprendizajes, en plural, insistiéndose en que no es un asunto tecnológico, sino de capacidades para desarrollarse autónomamente con diversos recursos. Por ese motivo, los videojuegos y los «aprendizajes invisibles» son un componente que debe ser considerado. La alfabetización digital y los aprendizajes en nuevos soportes constituyen preocupaciones para la enseñanza presencial y las políticas educativas. Finalmente, en este ensayo se toma en consideración el programa dirigido a las escuelas rurales One Laptop per Child, y las evaluaciones sobre logros y resultados, así como el lugar del maestro y del alumno.