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Las cosas que dejamos pendientes
Ejercicios de vocabulario
1. Completa las frases
1. Mateo decide __________ un plan y le escribe a Cassie para tomar algo.
2. Cassie __________ la invitación, aunque intenta restarle importancia.
3. Antes de salir, Cassie empieza a __________ porque no sabe qué ponerse.
4. Durante el café, ambos intentan __________ algunos temas difíciles.
5. Cassie decide __________ el tema de por qué dejaron de hablar.
6. Mateo se __________ cuando recuerda la última noche antes de que Cassie se fuera.
7. Ninguno quiere __________ demasiado pronto sobre lo que significa la reunión.
8. Al despedirse, Cassie __________ la mirada durante unos segundos.
9. Mateo le dice que era solo un café porque sabe que ella va a __________ al asunto.
10. Los dos intentan __________ que todavía quedan cosas del pasado por hablar.
2. Relaciona
1. quedar con alguien
2. restarle importancia a algo
3. romper un silencio
4. sacar conclusiones
5. darle vueltas a algo
6. dejar algo claro
a. pensar repetidamente en un asunto
b. empezar a hablar después de un momento sin conversación
c. hacer que algo parezca menos importante
d. llegar a una idea a partir de cierta información
e. acordar verse con una persona
f. explicar algo para que no haya dudas
3. Verdadero o falso
1. Mateo invita a Cassie a tomar algo en Café Libertad.
2. Cassie tarda más de lo normal en elegir su ropa.
3. Mateo llega tarde a la Plaza de Anaya.
4. Cassie y Mateo hablan por primera vez de cómo perdieron el contacto.
5. Cassie recuerda perfectamente cuál fue su último mensaje antes de dejar de hablar.
6. Mateo menciona que había otras cosas entre ellos además de la amistad.
7. Cassie dice que se arrepiente de haberse ido de Salamanca.
8. Al final de la noche, Mateo y Cassie se besan.
4. Elige la opción correcta
1. Cassie considera que la reunión: a) es claramente una cita; b) es solo una reunión de trabajo; c) puede ser un café entre antiguos amigos, aunque le da demasiadas vueltas.
2. Mateo eligió otra cafetería porque: a) Café Libertad estaba cerrado; b) le parecía absurdo llevarla al negocio de su familia; c) Cassie se lo pidió.
3. Cuando hablan del pasado, ambos reconocen que: a) tuvieron una gran pelea; b) perdieron el contacto poco a poco; c) Mateo decidió no volver a hablar con Cassie.
4. Mateo dice que en algún momento sintió que: a) todos se iban mientras él permanecía en Salamanca; b) odiaba estudiar Arquitectura; c) quería mudarse a Madrid.
5. La frase «Era solo un café» muestra que Mateo: a) no disfrutó de la tarde; b) sabe que Cassie probablemente está pensando demasiado en lo ocurrido; c) quiere dejar de verla.
5. Responde con tus propias ideas
1. ¿Cuándo una reunión entre dos antiguos amigos puede empezar a parecer una cita?
2. ¿Por qué crees que Cassie y Mateo evitaron hablar durante años aunque ninguno estaba enfadado?
3. ¿Es más difícil resolver una pelea o una relación que simplemente se fue apagando?
4. ¿Crees que Mateo y Cassie están siendo sinceros cuando dicen que fue «solo un café»?
5. ¿Qué crees que ocurrió la noche antes de que Cassie se marchara?
Respuestas
Ejercicio 1
1. proponer
2. acepta
3. ponerse nerviosa
4. evitar
5. sacar
6. queda en silencio
7. sacar conclusiones
8. evita
9. darle vueltas
10. dejar claro
Ejercicio 2
1-e
2-c
3-b
4-d
5-a
6-f
Ejercicio 3
1. Falso
2. Verdadero
3. Falso
4. Verdadero
5. Falso
6. Verdadero
7. Falso
8. Falso
Ejercicio 4
1-c
2-b
3-b
4-a
5-b
Ejercicio 5
Respuestas libres.
Capítulo 5. La vida que no conoces
Vocabulario
Español
Русский
encajar
вписываться, подходить
sentirse desplazado/a
чувствовать себя лишним / не на своём месте
formar parte de
быть частью чего-либо
tener complicidad
иметь особое взаимопонимание
conocer de toda la vida
знать кого-либо всю жизнь
ponerse al corriente
войти в курс дела
quedarse al margen
оставаться в стороне
dar por hecho
принимать как само собой разумеющееся
malinterpretar
неправильно истолковать
sentir celos
ревновать
disimular una reacción
скрыть реакцию
tener confianza
быть в доверительных отношениях
hacer una broma
пошутить
llevarse bien
хорошо ладить
notar un cambio
заметить изменение
Un sábado de octubre
El sábado amanece cubierto de nubes bajas. No llueve, pero el cielo tiene un color gris claro que parece anunciar agua para cualquier momento. Desde temprano, el viento empuja las hojas por la calle y las hace girar alrededor de las farolas. Algunas se quedan pegadas a los adoquines todavía húmedos de la noche anterior; otras entran por las puertas abiertas de las tiendas y obligan a los dependientes a salir con una escoba.
Cassie pasa la mañana con Nora en la biblioteca. Han quedado para estudiar, aunque durante la primera media hora hablan más de sus vidas que del trabajo que tienen que entregar. Nora trae dos cafés y una bolsa de galletas, y Cassie empieza a pensar que probablemente podrán ser amigas. Hay algo fácil en ella. Hace preguntas, pero no obliga a responder. Habla mucho, aunque sabe reconocer cuándo la otra persona necesita silencio.
A mediodía consiguen terminar una parte importante del trabajo. Cuando salen de la biblioteca, el aire está más frío. Nora se envuelve mejor en su bufanda y mira el cielo.
-Va a llover.
-Eso llevo pensando desde que me he levantado.
-¿Tienes paraguas?
-No.
-Perfecto. Veo que estás preparada para vivir aquí.
Cassie sonríe. Caminan juntas hasta una esquina y se despiden. Nora va a comer con su hermana, que ha venido a visitarla, y Cassie decide volver andando. No tiene ningún plan para la tarde y la idea le resulta agradable.
Durante los últimos días ha tenido demasiadas cosas en la cabeza: el máster, las cajas, la ciudad, Mateo y, sobre todo, el café del viernes. Ha intentado convencerse de que no ocurrió nada especial. Hablaron. Recordaron algunas cosas. Se abrazaron al despedirse. Eso es todo. Aun así, esa mañana se ha sorprendido pensando dos veces en la forma en que Mateo dijo que había «otras cosas» entre ellos. Cassie mete las manos en los bolsillos y acelera el paso. No piensa pasar todo el fin de semana analizando una frase de cinco palabras.
Una invitación inesperada
Cuando llega a su calle, Café Libertad está lleno. A través de la ventana ve casi todas las mesas ocupadas y a dos camareros moviéndose deprisa entre la barra y la terraza. Mateo no está a la vista.
Cassie sube al apartamento, deja los libros y prepara algo sencillo para comer. Después abre una caja que lleva varios días evitando. Contiene ropa de invierno, dos mantas y objetos que no recordaba haber guardado. Durante casi una hora organiza el armario y coloca una de las mantas sobre el sofá. El piso se ve cada vez menos temporal. A las cuatro y veinte recibe un mensaje.
Mateo: ¿Tienes planes esta noche?
Cassie se sienta en el brazo del sofá.
Cassie: Depende.
Mateo: ¿De qué?
Cassie: De tus planes.
Mateo: Unos amigos van a tomar algo. Puedes venir si quieres.
Cassie lee el mensaje dos veces. No es una invitación a quedar solos. Debería ser más sencillo que el café del viernes. Curiosamente, no lo parece.
Cassie: ¿Qué amigos?
Mateo: Algunos de la universidad y gente que conoces.
Cassie: Eso suena peligrosamente poco específico.
Mateo: Ven y lo descubrirás.
Cassie: Gran campaña publicitaria.
Mateo: A las ocho. Bar Niebla.
Cassie conoce el sitio. O, mejor dicho, conocía un bar con ese nombre cerca del centro. No sabe si sigue siendo el mismo.
Cassie: Vale.
Mateo: ¿Vale de verdad o vale como ayer cuando tardaste cinco minutos en aceptar un café?
Cassie: Estaba ocupada.
Mateo: Claro.
Cassie: Hasta luego.
Deja el teléfono sobre la mesa y continúa doblando un jersey. Esta vez no dice en voz alta que no es una cita. Técnicamente no puede serlo. Habrá más gente. Eso debería ayudar. No ayuda.
La mesa del fondo
A las ocho, Salamanca ya está completamente oscura. Una lluvia fina ha empezado a caer y las calles reflejan las luces de los bares, las tiendas y los balcones. Cassie camina bajo un paraguas que finalmente ha comprado esa tarde. El aire huele a humedad, castañas asadas y humo de alguna chimenea cercana. En las terrazas quedan pocas personas, todas protegidas bajo calefactores y mantas, mientras dentro de los locales las ventanas se cubren de vapor.
Bar Niebla está en una calle estrecha y conserva el mismo letrero de madera que Cassie recuerda. Dentro hay música, conversaciones y un calor que la obliga a quitarse inmediatamente el abrigo. Mateo la ve desde una mesa grande al fondo y levanta la mano.
-Cassie.
Ella se acerca. Reconoce a dos personas casi inmediatamente. Dani estudiaba con Mateo y sigue llevando unas gafas redondas que Cassie recuerda perfectamente. Lucía, que estaba en otra facultad, tarda unos segundos en reconocerla y después se levanta para abrazarla.
-No me lo puedo creer. ¿Cuándo has vuelto?
-Hace menos de una semana.
-¿Y nadie me ha dicho nada?
Dani señala a Mateo.
-Culpa suya.
-Yo no soy un servicio de noticias -responde Mateo.
Las primeras conversaciones son fáciles. Cassie se pone al corriente de matrimonios, cambios de trabajo, mudanzas y amigos que ahora viven en otras ciudades. Algunas historias le resultan familiares y otras no significan nada para ella. Varias veces alguien empieza una anécdota con «¿Te acuerdas de...?», y Cassie descubre que sí se acuerda. Entonces llega una chica que Cassie no conoce.
Tiene el pelo oscuro, largo y brillante, un abrigo verde y una seguridad tranquila que hace que parezca conocer perfectamente a todo el mundo. Se acerca directamente a Mateo y le pone una mano en el hombro.
-Perdón. He tardado una eternidad.
Mateo levanta la vista.
-Irene. Por fin.
-¿Me has echado de menos?
-No especialmente.
Ella le da un pequeño golpe en el brazo y se sienta a su lado. Cassie observa la escena durante medio segundo. Después mira su vaso. Nadie la ha presentado todavía, pero no hace falta ser especialmente imaginativa para notar la confianza entre ellos.
Irene
Unos minutos después, Mateo parece recordar que Cassie e Irene no se conocen.
-Cassie, ella es Irene.
-Hola -dice Irene con una sonrisa-. Por fin.
Cassie parpadea.
-¿Por fin?
Irene mira a Mateo.
-¿No puedo decirlo?
-No sé qué vas a decir.
-Eso significa que sí puedo.
Mateo suspira.
-Irene.
Ella vuelve a mirar a Cassie.
-He oído tu nombre alguna vez.
La frase es inocente. Probablemente. Cassie sonríe.
-Espero que nada demasiado malo.
-Nada que pueda contar delante de él.
Mateo niega con la cabeza.
-No le hagas caso.
Irene sonríe otra vez y empieza a hablar con Lucía. Cassie intenta concentrarse en la conversación general, pero ahora es consciente de cada pequeño gesto entre Mateo e Irene. Ella le roba una patata del plato. Mateo le aparta la mano sin enfadarse. Irene conoce el nombre del profesor que dirige su proyecto. Sabe que el padre de Mateo tiene una revisión médica el lunes. También sabe que Mateo perdió las llaves del coche la semana anterior y se burla de él por haberlas encontrado dentro de una bolsa de supermercado. Cassie no siente celos. La idea aparece con tanta rapidez que casi resulta cómica.
No tiene ningún derecho a sentirlos. Mateo y ella no son pareja. Ni siquiera sabe exactamente qué son ahora. Antiguos amigos que han empezado a hablar otra vez. Dos personas con una historia incompleta. Nada más. Además, Irene podría ser simplemente una amiga. Una amiga muy cercana. Una amiga muy guapa. Cassie bebe un poco.
-¿Todo bien? -pregunta Dani.
-Sí. ¿Por qué?
-Estás mirando tu vaso como si te hubiera insultado.
Cassie se ríe.
-Estoy cansada.
La respuesta parece suficiente. La conversación cambia hacia viajes. Irene cuenta una historia sobre un fin de semana en Oporto y Mateo la corrige dos veces en detalles pequeños. Han estado allí juntos, comprende Cassie. No sabe cuándo. No sabe con quién más. No sabe prácticamente nada.
La sensación que aparece no es exactamente celos. Es algo más amplio y quizá más incómodo: durante años, Mateo ha tenido una vida completa en la que ella no existía.
Ha viajado, conocido personas, tenido problemas, celebrado cumpleaños y construido relaciones que Cassie no puede entender con una sola noche de conversación. Antes ella formaba parte de casi todos sus días. Ahora es la persona nueva en la mesa.
Fuera de lugar
A medida que avanza la noche, Cassie se siente un poco más desplazada. No porque nadie la trate mal. Al contrario, todos intentan incluirla. Lucía le pregunta por Madrid, Dani le cuenta que trabaja en una empresa de tecnología y Mateo busca su mirada cada vez que alguien menciona una historia antigua que quizá ella recuerde. El problema son las historias nuevas. Hay demasiadas.
Un verano en Cádiz. Una profesora llamada Marta a la que todos parecen odiar. Una fiesta de cumpleaños en la que Dani rompió una silla. Un viaje a Portugal. Un perro llamado Bruno que aparentemente pertenece a alguien importante, aunque Cassie no consigue entender a quién. Cada vez que todos se ríen antes de terminar una historia, Cassie sonríe también, pero nota la distancia. Irene, en cambio, conoce todas las referencias.
Tiene complicidad con Mateo. A veces no necesitan terminar una frase para entenderse. Cassie reconoce esa forma de hablar porque, muchos años atrás, ella también la tenía con él. La comparación le molesta más de lo que quiere admitir. Cuando va al baño, se mira en el espejo mientras se lava las manos.
-Estás siendo ridícula -murmura.
Una mujer que está retocándose el maquillaje a su lado la mira. Cassie sonríe.
-No hablaba contigo.
-Ya imaginaba.
Al volver, Irene está sentada en su silla porque ha querido ver una fotografía en el móvil de Lucía. Mateo ha movido su vaso para dejarle espacio. Es una tontería. Cassie lo sabe. Aun así, decide ponerse el abrigo.
-¿Te vas? -pregunta Mateo.
-Sí. Mañana quiero adelantar trabajo.
-Es sábado.
-Mañana es domingo.
-Precisamente.
Cassie sonríe.
-Estoy intentando ser una estudiante responsable.
Mateo la observa unos segundos.
-Te acompaño.
-No hace falta.
-Ya me iba.
Irene levanta la cabeza.
-Mentira. Hace diez minutos has pedido otra cerveza.
Mateo la mira.
-Gracias, Irene.
-De nada.
Cassie no puede evitar reírse.
-No necesito escolta. Vivo a quince minutos.
-Está lloviendo.
-Tengo paraguas.
Mateo se levanta de todos modos.
-Dadme cinco minutos.
Cassie quiere decir que no, pero hacerlo delante de todos convertiría una situación sencilla en algo extraño. Así que se despide de los demás y espera cerca de la puerta mientras Mateo paga. Irene levanta una mano desde la mesa.
-Encantada, Cassie. Nos veremos.
-Seguro.
No sabe por qué esa frase se queda con ella cuando sale a la calle.
Quince minutos
La lluvia es más intensa que antes. Cassie abre el paraguas y Mateo se coloca a su lado. El espacio es suficiente, pero sus hombros se rozan de vez en cuando mientras caminan.
Durante los primeros minutos hablan poco. Las calles están casi vacías y el agua corre junto a los bordes de las aceras. Las fachadas antiguas parecen más oscuras, pero algunas ventanas tienen luces cálidas y detrás de ellas se ven mesas, plantas y personas cenando. El viento trae el olor de los árboles mojados y hace que las hojas se peguen a las botas de Cassie. Mateo rompe el silencio.
-¿Te ha pasado algo?
-No.
-Cassie.
-¿Qué?
-Tienes una cara muy concreta cuando algo te molesta.
Ella sigue mirando hacia delante.
-Me conocías, ¿recuerdas?
-Esa cara no ha cambiado.
Cassie suspira.
-No pasa nada. Ha sido raro, eso es todo.
-¿Ver a la gente?
-Sí. Bueno... ver una vida de la que ya no formas parte.
Mateo guarda silencio. Cassie continúa antes de arrepentirse.
-No lo digo como un reproche. Es lógico. Han pasado años. Simplemente... antes conocía a todo el mundo. Sabía de qué hablabais. Hoy había momentos en los que parecía que había entrado en mitad de una película.
Mateo asiente.
-Lo entiendo.
-Y no necesito que me expliques nada.
-No iba a hacerlo.
-Bien.
-Estaba pensando que probablemente yo sentiría lo mismo si me sentara con tus amigos de Madrid.
Cassie lo mira.
-Tú no conoces a ninguno.
-Exactamente.
La respuesta le quita parte de la tensión. Caminan otra calle en silencio. Cassie sabe que podría preguntar por Irene. La pregunta está ahí, clara y sencilla. ¿Quién es? No lo hace. No quiere parecer celosa. Y, sobre todo, no quiere descubrir que tiene motivos para estarlo. Cuando llegan frente a Café Libertad, Mateo se detiene bajo el toldo. La lluvia golpea la tela sobre sus cabezas.
-Gracias por venir esta noche -dice.
-Me ha gustado ver a todos.
-Incluso cuando estabas enfadada con tu vaso.
Cassie lo mira.
-¿Dani te lo ha dicho?
-No hacía falta.
Ella cierra el paraguas.
-No estaba enfadada.
-Claro.
-Mateo.
-No he dicho nada.
Cassie nota una sonrisa en su voz.
-Mañana te voy a ignorar.
-Perfecto. Trabajo hasta las cuatro.
Ella se ríe a pesar de sí misma.
-Buenas noches.
-Buenas noches, Cassie.
Entra en el portal. Antes de cerrar la puerta, mira atrás. Mateo ya camina otra vez bajo la lluvia, con las manos en los bolsillos. Cassie sube las escaleras.
En el apartamento se quita el abrigo mojado y deja el paraguas abierto en el baño. Después va a la cocina, bebe agua y se apoya contra la encimera. Irene. No debería importarle.
Abre el móvil. Durante unos segundos considera buscarla en las redes sociales. La idea le parece tan adolescente que bloquea la pantalla inmediatamente.
-No -se dice.
No va a convertirse en esa persona. Cinco minutos después, el móvil vibra.
Mateo: ¿Has llegado viva los tres pisos?
Cassie: Ha sido difícil.
Mateo: Me alegro de haberte acompañado hasta la peligrosa entrada.
Cassie sonríe.
Cassie: Un héroe.
Mateo: Lo sé.
Ella está a punto de dejar el teléfono cuando aparece otro mensaje.
Mateo: Por cierto, Irene dice que le has caído bien.
Cassie se queda mirando la pantalla. Escribe:
Cassie: Ella también.
Lo borra. Escribe:
Cassie: Parece simpática.
También lo borra. Finalmente responde:
Cassie: Me alegro.
Mateo envía un pulgar hacia arriba. Nada más. Cassie deja el móvil sobre la mesa y se acerca a la ventana. La lluvia dibuja líneas sobre el cristal. Abajo, la calle brilla bajo las farolas y las hojas húmedas se acumulan junto a la entrada del café. No sabe quién es Irene para Mateo. Y le molesta muchísimo querer saberlo.
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