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Septiembre en Valdemora
3. Una tubería normalmente transporta agua / electricidad.
4. Antes de usar una instalación antigua conviene comprobarla / tirarla.
5. Si trabajas con electricidad, debes tener cuidado / hacer ruido.
6. Un destornillador es una avería / herramienta.
4. Responde usando el vocabulario.
1. ¿Qué cosas sabes arreglar tú solo/a?
2. ¿Qué herramientas tienes en casa?
3. ¿Qué haces cuando un aparato deja de funcionar?
4. ¿Qué averías de casa prefieres dejar a un profesional?
Respuestas
1. 1-d, 2-c, 3-f, 4-e, 5-b, 6-h, 7-a, 8-g.
2. 1) gotear; 2) funcionar, roto; 3) destornillador; 4) martillo; 5) cambiar; 6) hacer ruido; 7) encargarse de.
3. 1) arreglarlo; 2) enchufe; 3) agua; 4) comprobarla; 5) tener cuidado; 6) herramienta.
4. Respuestas libres. Ejemplos: 1) Sé arreglar cosas pequeñas, como una puerta. 2) Tengo un martillo y varios destornilladores. 3) Primero compruebo si puedo solucionar el problema. 4) Prefiero dejar las averías eléctricas a un profesional.
Capítulo 5. Mateo, el hombre de la electricidad
Electricidad • aparatos • problemas domésticos
Vocabulario clave
encender - включать, зажигать
apagar - выключать, гасить
la corriente - электрический ток / электричество
un cable - провод, кабель
una bombilla - лампочка
un interruptor - выключатель
un cuadro eléctrico - электрощит
un fusible - предохранитель
un aparato eléctrico - электроприбор
estar enchufado/a - быть подключённым к розетке
desenchufar - отключать от розетки
gastar electricidad - расходовать электричество
un cortocircuito - короткое замыкание
quedarse sin luz - остаться без света
dar calambre - ударить током
Mateo, el hombre de la electricidad
Cuando volvió la electricidad, la cocina se llenó del sonido de la cafetera. El primer olor a café caliente hizo que la casa pareciera un poco menos extraña.
A las nueve y tres de la mañana, Lucía estaba delante de la cafetera. Pulsó el botón. Nada. Lo pulsó otra vez. Nada.
-No. Miró el cable. La cafetera estaba enchufada. Probó el interruptor de la cocina. La lámpara se encendió.
-Tenemos luz. Tú tienes electricidad. ¿Cuál es tu problema? La cafetera guardó silencio. Lucía la desenchufó, esperó cinco segundos y volvió a conectarla. Nada.
-No puedes abandonarme ahora. Eres el único aparato eléctrico de esta casa en el que confío.
Cogió el móvil para buscar una solución. Antes de escribir nada, oyó una furgoneta fuera. Se acercó a la ventana. Una furgoneta blanca acababa de parar delante de la casa. En un lateral decía: MATEO ELECTRICIDAD Lucía miró la cafetera.
-Ha llegado tu médico. Mateo bajó de la furgoneta con una caja de herramientas y otra caja más pequeña. Lucía abrió la puerta antes de que llamara.
-Buenos días.
-Buenos días.
-Tenemos una emergencia. Mateo miró la casa.
-¿Humo?
-Peor.
-¿Agua?
-La cafetera no funciona. Mateo la miró durante dos segundos.
-Voy a intentar mantener la calma.
Entraron en la cocina. Mateo dejó las herramientas en el suelo.
-¿Qué ha pasado?
-Ayer funcionaba. Hoy no.
-¿Has tocado algo? Lucía puso una mano sobre el pecho.
-Me ofende que esa sea tu primera pregunta.
-¿Has tocado algo?
-No. Mateo esperó.
-Bueno, he encendido la luz.
-Eso está permitido.
-Gracias. Mateo miró la cafetera.
-¿Está enchufada? Lucía señaló el cable.
-Sí.
-¿Has probado otro enchufe? Lucía guardó silencio.
-No. Mateo conectó la cafetera a otro enchufe. La máquina se encendió. Lucía la miró. Después miró a Mateo.
-No me gusta esta solución.
-El enchufe tiene un problema -dijo Mateo.
-Prefiero pensar que la cafetera estaba enfadada.
-Eso sería más caro. Mateo abrió la caja de herramientas.
-Hoy voy a revisar toda la instalación de la planta baja.
-Perfecto.
-Y tú no vas a tocar nada.
-Ya hemos hablado de esto.
-Y ayer terminaste con un tornillo de más. Lucía lo miró.
-¿Cómo sabes lo del tornillo? Mateo sonrió.
-Carmen.
-Esa mujer necesita un hobby.
-Tú eres su hobby esta semana. Lucía abrió la boca. Después empezó a reírse.
-Eso es terrible.
-Pero probablemente cierto.
Mateo fue hasta el cuadro eléctrico. Lucía lo siguió.
-¿Qué haces?
-Voy a cortar la corriente.
-¿Toda?
-Sí.
-¿Durante cuánto tiempo?
-Un rato. Lucía miró la cafetera, que acababa de empezar a preparar café.
-Espera. Mateo levantó una ceja. Lucía puso una taza debajo de la máquina.
-Ahora. Mateo apagó la electricidad. La cafetera se detuvo a mitad. Lucía miró la taza. Había aproximadamente dos centímetros de café.
-Mateo.
-¿Sí?
-Dijiste que esperabas.
-Esperé.
-Eso no es un café.
-Técnicamente sí.
-Técnicamente somos enemigos.
Mateo abrió el cuadro eléctrico.
-Tienes fusibles antiguos.
-¿Eso es malo?
-No necesariamente, pero hay que revisarlos. Sacó una linterna. Lucía observó.
-¿Y si un fusible está mal?
-Lo cambiamos.
-¿Y si todos están mal?
-Los cambiamos todos.
-¿Y si toda la casa está mal? Mateo giró la cabeza.
-¿Quieres que responda como electricista o como persona?
-Como persona.
-Vendes la casa y huyes. Lucía se rio.
-Mi madre estaría encantada. Mateo volvió al cuadro.
-Como electricista, casi todo tiene solución.
Lucía se apoyó en la pared.
-¿Siempre quisiste ser electricista? Mateo la miró brevemente.
-No.
-¿Qué querías ser?
-Futbolista.
-Claro.
-Tenía nueve años.
-Eso mejora la respuesta.
-Después quería trabajar con coches.
-¿Y acabaste con cables?
-Mi tío era electricista. Empecé a ayudarle los veranos. Me gustó. Lucía señaló el cuadro eléctrico.
-¿Te gusta esto?
-Sí.
-¿De verdad?
-Sí. Lucía parecía sinceramente sorprendida. Mateo sonrió.
-Hay gente a la que le gusta su trabajo.
-He oído hablar de ellos. Pensaba que eran una leyenda.
Mateo terminó de revisar el cuadro y volvió a encender la corriente.
-Prueba la luz del salón. Lucía pulsó el interruptor. La lámpara se encendió.
-Bien.
-Ahora apágala. Lucía la apagó.
-Esto parece un examen muy fácil.
-Espera. Fueron al comedor. Mateo revisó varios cables y enchufes. Después señaló una lámpara.
-Esa bombilla está fundida.
-Eso sí sé arreglarlo.
-Cambiar una bombilla.
-Exacto.
-¿Quieres una medalla?
-Después de estos dos días, sí. Mateo le dio una bombilla nueva.
-Adelante.
Lucía colocó una silla debajo de la lámpara. Mateo la miró.
-¿Esa es la misma silla de ayer?
-Sí.
-La que se mueve. Lucía bajó.
-Qué memoria. Cogió otra. Subió y empezó a cambiar la bombilla.
-Ten cuidado -dijo Mateo.
-Sé cambiar una bombilla.
-No he dicho que no sepas.
-Lo has pensado.
-Estoy pensando muchas cosas. Lucía terminó y bajó.
-Ya está. Pulsó el interruptor. La luz se encendió. Lucía levantó los brazos.
-¡Victoria! Mateo miró la lámpara.
-Sí. Has cambiado una bombilla.
-Déjame disfrutar.
Continuaron por la casa. Mateo explicó que algunos cables eran demasiado viejos y que sería mejor cambiarlos.
-¿Hay peligro de cortocircuito? -preguntó Lucía.
-En algunos puntos, podría haberlo.
-¿Y qué pasa si hay un cortocircuito?
-Puede saltar un fusible y puedes quedarte sin luz.
-Eso ya lo he hecho sin ayuda.
-Lo sé.
-¿Carmen?
-No. Tú me escribiste. No respondió enseguida.
-Ah. Cierto. Mateo señaló un enchufe.
-No conectes muchos aparatos eléctricos al mismo enchufe.
-¿Por qué?
-Porque puede calentarse demasiado.
-Entendido. Lucía lo escribió en la libreta.
-¿También apuntas mis instrucciones?
-Apunto todo.
-¿Por qué?
-Porque mi cerebro ha decidido tomarse unas vacaciones. Mateo miró la lista. -«No usar enchufe cocina. No tocar cables. Comprar bombillas. No morir.»
-El último es un objetivo general.
-Me parece razonable. Lucía añadió: «No conectar demasiados aparatos.»
-¿Algo más?
-Sí. Si un aparato no funciona, primero comprueba si está enchufado. Lucía levantó la vista.
-Eso ha sido personal.
-Ha sido educativo.
-Mi cafetera estaba enchufada.
-En un enchufe roto.
-Detalles. Mateo negó con la cabeza, sonriendo.
A media mañana empezó a llover. No era una tormenta. Solo una lluvia fina y tranquila que golpeaba las ventanas. Lucía preparó dos cafés.
-¿Tomas café?
-Sí.
-Bien. Necesito demostrar que mi cafetera sirve para algo. Mateo aceptó la taza. Se sentaron en la cocina mientras fuera las hojas se movían con el viento.
-¿Siempre llueve tanto aquí? -preguntó Lucía.
-En otoño, bastante.
-Mi techo tiene una mancha.
-La vi.
-¿Tú ves todos los problemas de mi casa sin que te los enseñe?
-Es una habilidad profesional.
-Muy incómoda. Mateo bebió café.
-También he visto la ventana del dormitorio.
-No quiero saberlo.
Durante unos minutos hablaron de la casa. Mateo conocía a la antigua propietaria.
-Pilar hacía unas galletas increíbles -dijo. Lucía levantó la vista.
-Carmen dijo que cocinaba bien.
-Todo el pueblo lo sabía.
-Naturalmente. Todo el pueblo sabe todo.
-Eso también.
-He encontrado cosas suyas en la cocina.
-Seguro. Vivió aquí muchos años. Lucía miró el horno antiguo.
-¿Ese horno funciona? Mateo siguió su mirada.
-No sé.
-¿Puedes comprobarlo?
-Es eléctrico.
-Entonces eres oficialmente el hombre de la electricidad. Mateo casi se atragantó con el café.
-Por favor, no me llames así.
-Demasiado tarde.
Mateo se levantó y examinó el horno.
-Primero hay que desenchufarlo.
-¿Por qué?
-Porque voy a mirar el cable.
-Ah. Mateo lo desenchufó y movió el horno ligeramente.
-El cable parece bien.
-¿Eso significa que funciona?
-No.
-¿Puedes decir alguna vez algo completamente positivo?
-Sí.
-Dime algo positivo. Mateo miró el horno.
-Es bonito. Lucía lo señaló.
-Eso no cuenta.
-La cocina es grande.
-Estamos hablando del horno.
-Tiene una puerta. Lucía empezó a reírse.
-Eres terrible dando buenas noticias.
Mateo volvió a enchufar el horno. Giró un botón. Nada. Otro. Se encendió una pequeña luz naranja.
-¡Está vivo! -dijo Lucía.
-Parece. El horno empezó a calentarse.
-¿Cuánto gasta de electricidad?
-Probablemente bastante. Es antiguo.
-¿Más que uno nuevo?
-Sí.
-Entonces algún día tendré que cambiarlo. Lucía dijo la frase y se quedó pensando. «Algún día». No «antes de vender la casa». Mateo no pareció notarlo. O quizá sí.
-Primero comprueba si te gusta cocinar con él -dijo.
-No cocino mucho.
-Entonces no necesitas un horno nuevo.
-Qué lógico eres.
-Intento.
Un sonido seco llegó del pasillo. CLAC. Todas las luces se apagaron. Lucía dejó la taza.
-Yo no he hecho nada.
-No he dicho nada.
-Pero lo estabas pensando. Mateo fue al cuadro eléctrico.
-Ha saltado un fusible.
-¿Por el horno?
-Probablemente. Lucía miró el aparato.
-Traidor. Mateo cambió el fusible y volvió a encender la corriente.
-El horno necesita una revisión antes de usarlo. Lucía escribió: «NO USAR HORNO.»
-Mi lista se está convirtiendo en un libro.
-Puedes publicarla.
-Título: Cosas que no funcionan en mi casa.
-Va a ser una saga.
Después Mateo revisó el resto de la instalación. En uno de los dormitorios encontró un cable extraño detrás de un mueble.
-No lo toques.
-No pensaba hacerlo.
-Bien.
-¿Puede dar calambre?
-Sí. Lucía dio dos pasos atrás.
-Ahora estamos de acuerdo. Mateo desenchufó una lámpara vieja y retiró el cable.
-¿Alguna vez te ha dado calambre trabajando?
-Sí.
-¿Mucho?
-Alguna vez.
-¿Y sigues haciendo esto?
-Con más cuidado. Lucía lo miró.
-Eso no me tranquiliza.
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